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Llegó el invierno y quedamos solo tú y yo, bueno, y los intrusos. 

¿Alguien recuerda de dónde salieron estos intrusos? No sé, pero se crecieron.

Seguro una noche los dejamos hospedar y se fueron quedando, y los fuimos dejando, porque finalmente estos intrusos no hablaban, no estorbaban, eran solo silencios.

Pero ahora, que llegó el invierno los intrusos hablan y dicen cosas punzantes. Cosas como:

– ¿Sienten algo el uno por el otro?
– ¿Notan esta frialdad en el ambiente?
– ¿Esperaban este final tan malo en vuestra película?

Desde la cocina y por encima del periódico, nuestras miradas se encuentran mientras nos preguntamos de dónde salieron estos intrusos.

Lo hicimos bien, hemos invertido en los niños, en el trabajo, los sueños, los amigos, la iglesia y hasta el perro que ya murió.

Tal vez, y solo tal vez no invertimos mucho tiempo en nosotros, ese tiempo en pareja que aún nos suena a cliché…  Y hoy, esos vacíos, esos silencios, son nuestros intrusos parlanchines.

En este crudo invierno la soledad tiene el eco de un pasado sin recolección de leña

Sin intención de prosa ni poesía, esta es solo la triste reflexión de una pareja madura.

Es el creciente índice de divorcios a los 40 y 50, una edad donde parece tonto divorciarse. Aumentaron los tontos, o tal vez el frío en nuestros ojos es ya insoportable.

En la exitosa serie Juego de Tronos repiten de manera profética y tenebrosa la frase:

«El invierno se acerca, hay que estar preparados»

La hormiga le dice lo mismo a la cigarra en la fábula de Esopo.

Mirarnos al final de una larga carrera y darnos cuenta de que ya no nos amamos… Descubrir después de tantos años que uno de los dos no siente lo mismo… Suena a un final frío, invernal, triste. El espíritu humano tiene fortaleza para comenzar de nuevo en cualquier momento, pero el cuerpo que habita ya no será el mismo.

La otra noche después de enviar a dormir los niños y a Mr. Jake, nuestra mascota, miré a mi esposa y le propuse con malicia:

¿Uno más?

Sonriendo y sin disimular su alegría me dijo:

«No deberíamos, pues ya es tarde, pero listo, uno más»

Y entonces bajo las cobijas… nos vimos un capítulo más de Juego de Tronos.

Nos corta el aliento las escenas medievales y sus caballeros, sus doncellas, el enano, la traición, el terror, amor, pasión, brujas, dragones y sexo como para taparse un ojo.

Hay también una especie de demonios que aún no sabemos qué son exactamente, pero parecen intrusos de otro mundo.

De un mundo frío para el cual nadie parece estar preparado.

Entrado en días el viejo Salomón era atormentado por sus perversiones sexuales adolescentes… para mí, sus reflexiones tienen esa autoridad de aquel que ya visitó el infierno.  

Disfruta con la esposa de tu juventud, amante y graciosa gacela, encantadora; que sus pechos te embriaguen cada día y su amor te cautive para siempre. Antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo en ellos placer; antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y las nubes vuelvan tras la lluvia.

Bueno mi gacela,

¿Bailamos tango?

¿Aprendemos a jugar ajedrez?

¿Nos vamos en bici desde Yokohama a Nagasaki?

¿Nos casamos de nuevo en el Amazonas? ¿Hacemos el amor en la cocina?

Acumulamos experiencias bellas y locas, o silencios que un día nos van a echar de nuestra propia morada.

¿Alguna idea mis queridos lectores, antes que llegue el invierno?

Yokoi Kenji Diaz

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