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A veces no aguanto y me voy con ellos, me llaman y tengo que ir.

Vi muchos niños en el sur de Bogotá en Colombia. Un lugar llamado Ciudad Bolívar, marginado y rodeado de pobreza y mucha violencia, escuche y vi muchas cosas que un niño no debería haber visto. Pero sobre todas esas cosas vi muchos niños y niñas que no veían lo que pasaba… bueno, lo veíamos, pero no importaba tanto, nuestra prioridad era jugar.

Una inmunidad muy potente contra la tristeza nos separaba del mundo de los adultos. Por encima de todo abuso, pobreza y violencia, logramos viajar a un mundo de fantasía donde nosotros, éramos los protagonistas. Así que fui Rambo en las canteras rescatando amigos secuestrados por la guerrilla y me cocí con agujas imaginarias las heridas de bala que rosaron mi brazo izquierdo.
Fui padre de famila a los 8 años con muchos hijos que responder y ya sabía lo que era llegar cansando y ser recibido con un beso y comida imaginaria después de parquear el carro a fuera. Todo imaginario, menos el beso.

Fuimos ladrones y policías , héroes y villanos, la niñas eran modelos, secretarías, mujeres Maravilla y hacían arepitas para papá con barro, pero andaban armadas por que eran policías también. Todos fuimos millonarios y exitosos, hablábamos 8 idiomas y teníamos una nave espacial que nos sacaba de este mundo, moríamos y resucitábamos cuantas veces nos diera la bendita gana, fuimos tantas cosas que fuimos muy felices y no veíamos la realidad, solo veíamos niños. Como reíamos. Dios mío como reíamos aún después de llorar!

No se que paso, ahora solo veo esta realidad y siento nostalgia de ese universo de fantasía, nostalgia desde este mundo tan real, tan violento y a veces tan triste… esperen, escucho unos niños que tocan la puerta, me preguntan; ¿Está Kenji ahí? ¿Puede salir a jugar?

Descubrí que aún está, así que ya vengo.

¿Toc, toc, y tú, estas ahí ?

YKD

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