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Ayer dicté un charla sobre la paternidad en la escuela de mis hijos, tuve recuerdos del nacimiento de Kenji David, así que busqué notas y encontré esta: 

Arrullaba yo mi “ego” en los brazos de mi juventud, recordándole lo tanto que lo amaba, que sólo quería lo mejor para el, que soñaba con que fuera exitoso y admirado por todos. Que fuera un empresario, un gran artista o tal vez solo un ser feliz y lleno de salud. Así, arrullaba yo a mi hermoso “ego”.

Acariciaba yo mi “ego” ofreciéndole deleites de esta vida, como el placer de la buena comida, el placer que produce la diversión con los amigos o el bello placer del sexo. Este último resultó ser muy bueno e insaciable para un joven descubriendo el mundo a escasos 20 años. 

Pero mi concepto de disfrutar y ser libre se vio atropellado cuando unos meses después de sexo, estoy con un bebé que no para de llorar a las tres de la mañana, una madre en una faja que aprieta su deformado vientre y esos bellos senos que ya no puedo besar con pasión por que ahora son de aquel bebé que no para de succionarlos hasta dejarlos heridos y sangrando. 

Así empezó la lenta muerte del otro bebé que siempre cargué: Mi egoísmo. Y qué duro golpe para mi egoísmo pues quien iba a pensar que seria justo el maravilloso mundo de la pasión y el erotismo, el que dejaría la puerta abierta para que llegase el bendito amor. Los maravillosos senos de mi esposa resultaron ser albergues de amor materno que ahora sacian la sed de este bebé que está en mis brazos. Mi egoísmo sufre dolores de parto en este proceso de ser padre, y yo que odio ser despertado sin un motivo importante y mucho menos a altas horas de la madrugada, ahora estoy aquí, a las tres de la mañana arrullando un bebé. 

Me niego a perder mi paz, mi tranquilidad, mi libertad y mi felicidad. La libertad de vivir sin rumbo fijo, de no tener donde llegar ni donde ir, como pájaro errante de árbol en árbol sin nido fijo. Me niego a entregar mis alas y mis…… Huy! Discúlpenme mi hijo está llorando otra vez. Ya vuelvo. “Qué pasa mi bebé, qué pasa hijo de papá, aquí estoy yo para cuidarte mi fuerte varoncito”

Yokohama Japón 13 / 12 /2001

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