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Una niña nueva llegó a la escuela en Ciudad Bolívar, su cabello rubio combinaba perfectamente con sus ojos claros y pecas café. Reía de todas mis ocurrencias y yo no paraba de hacer maromas para impresionarla. Me enamoré perdidamente. Le pregunté si esa tarde la dejarían salir a la calle. “No puedo por que tengo que cuidar mis hermanos” fue su respuesta. No entendí a que se refería pero siempre respondía lo mismo.

Una día la seguí hasta su casa y aprendí el camino. Volví y toqué su puerta.

– ¿Quién es?

– Soy yo Kenji, grité del otro lado del portón de hierro.

– ¿Cómo sabes donde vivo?

– Te seguí desde la escuela la otra vez…

¿No puedes salir?

– No puedo, estoy cuidando a mis hermanos.

– Es mentira le dije, escuché su risa grabada ya en mi mente.

Abrió una pequeña ventana en el portón de hierro a la altura de un adulto, trepé y me colgué de esta clavando mis pies en el portón, soporté un intenso dolor en mis manos y entonces vi, por primera vez, el rostro de la pobreza reflejado en aquel pasillo oscuro, en el ladrillo corroído y lleno de humo, en el piso de tierra y pedregoso, en el pañal a reventar que colgaba de uno de sus tres hermanos, en los mocos del otro que también colgaban y bailaban al son de su gritos, en el bebe que arrullaba en sus brazos, parecía una niña jugando a ser mamá a sus 10 años. 

Era verdad, no podía salir a la calle a jugar conmigo, no solo por que la puerta estuviese cerrada con llave, realmente cuidaba sus hermanos mientras mamá llegaba. No pudiendo soportar el dolor en mis dedos bajé a descansar y luego repetir la tortuosa operación, así hablamos un rato. A mis escasos 10 años aprendí a fingir el dolor sentido.

No soy un feminista por la sencilla razón de no aceptar etiquetas, tengo es una simpatía dantesca y respeto sagrado por la mujer y sus duras historias que finalmente han formado millones de mujeres de carácter fuerte y liderazgo firme. No voy a caer en la trampa de felicitarlas solo este día, debo es recordarle una y otra vez a este cerebro machista, impregnado de morbo cultural y sexual, que ellas son mucho más que erotismo, son puro heroísmo.

#yokoikenji

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