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Mi primer amigo mafioso fue el señor Oyama, quien se encontraba de trabajo en Yokohama, una de las ciudades con mayor número de extranjeros en Japón. Debido a que mis facciones no son netamente latinas ni japonesas, tal vez por esto el señor Oyama se me acercó casualmente preguntándome de dónde era.

Cuando le dije que era de Colombia, sus ojos brillaron, y con una sonrisa me preguntó si sabía dónde había un “Truck”. Justo yo había visto un camión blanco y le dije que sí, que hacía unos momentos estaba allí un Truck, y me agradeció con más alegría aún.

Entonces empezamos una búsqueda desesperada de aquel camión por las cuadras de Sakuragicho.

Mi costumbre de ayudar al prójimo como si fuera lo último que haría en mi vida, me hizo correr buscando el bendito camión blanco o Truck como se dice en inglés.

Paramos en una esquina para recuperar aliento y el señor Oyama me preguntó, casi sin poder hablar, qué tipo de Truck era. Al explicarle el tamaño con mis brazos, me miró perplejo y preocupado.

– ¿Sonna Dekai no Ka? ¿Así de grande?
– Si señor y blanco.
– Blanco, ¡quiere decir que es cocaína!
– ¿…Cocaína?

Entonces entendí todo…

Su pronunciación era tan precaria como mi inglés y no era un Truck lo que buscaba el señor mafioso, era una “Drug”. Ya saben, año 98, un mafioso, yo un colombiano y un gran TDrugck Blanco… y bueno, se armó el lío.

– ¡Yo estoy hablan de droga! Me dijo en japonés
– ¡Y yo de un camión señor!
– Pero ¡cómo vas a confundir Truck con Drugs!
– Pues porque hablo español o japonés, ¡no inglés!
– ¡No puedes burlarte de un mafioso!
– Señor, ¡usted no puede pensar que tengo drogas por que soy colombiano!

Luego de este acontecimiento y larga discusión, el señor Oyama y yo fuimos buenos amigos, el problema era que quería que fuera a toda reunión mafiosa a contar la historia del gran camión de droga que, según él, yo poseía.

Algunas de nuestras historias de vida no tienen mucho sentido, simplemente así pasaron, sin embargo en esto de lo social se aprende que un líder social no ve gente buena ni mala, solo gente, personas que toman malas o buenas decisiones, y claro, uno que otro enfermo en el camino.

“Enséñanos a perdonar, amar y líbranos de la maldad, porque sabes que hay maldad en esta tierra”

Yokoi Kenji Díaz.

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