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A mi me gusta así, sin pelos en la legua ni mojigaterías, sin tapujos, así es la escritura y por eso me gusta. Por ejemplo, uno de sus reyes más rico, sabio y famoso fue finalmente un viejo pervertido corriendo tras jovenes prostitutas. Años después de sus proverbios, el viejo Salomón no lleno su apetito sexual ni con 400 esposas y 600 concubinas.

Leo también que aquel niño que derribo el gigante, años más tarde mandó matar cuál sicario de cartel de drogas a un amigo para quedarse con su esposa.  Y que uno de los hijos del mismo rey David, violó a su medio hermana Tamar y fue asesinado por su otro hermano Absalom, quien en rebeldía contra su padre por no pronunciarse, atacó el palacio violando a varias de sus esposas. Todo terminó en un llanto profundo de David cuando sus guerreros mataron a su propio hijo y lloró amargamente pues sabía que había sido un buen líder, cantante, guerrero y pastor, pero un pésimo padre. Trágica historia familiar de aquel que escribió el salmo 23.

Leo además que un hombre pasa por un pueblo, solo se sabe que es un Levita, su esposa es violada por varios hombres durante toda la noche y está muere en sus brazos. Con irá decidida el Levita toma un cuchillo y separa el cuerpo de su esposa en 12 pedazos y los envía por las 12 tribus de Israel, provocando una de esas batallas épicas de la escritura.

La Biblia no se divorcia del arte, la poesía, ni del erotismo, pero en especial jamás niega la realidad de nuestra naturaleza. Desde las borracheras de Noé, hasta el racismo discriminatorio del apóstol Pedro, me recuerdan mi frágil humanidad.

Puedo dudar que a Jonás se lo tragara un pez grande, pero no que lo vomitará de náuseas, pues eso es lo más creíble ante lo bajo y amargo que podemos ser y saber los humanos.

Creo que es más honesto y digno enfrentar la vida como es, cómo está escrita y no bajo ilusiones deshonestas de milagros forzados por estafadores de la fe.

Finalmente creo que perdonar al enemigo y cambiar venganza por amor son de esos milagros que pueden salvar la humanidad y es que a veces el odio y prejuicio de algunos habla tan alto, que no escucho lo que quieren decirme sobre su fe. 

Yokoi Kenji Díaz

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