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“Esa sed de ser reconocidos, respetados y admirados por muchos es la mayor prueba de que aún no estamos listos…”

Claro, ¿quién no sintió esa sed alguna vez?, más aún cuando se crece en un entorno hosco y lleno de desprecios, pero el alma va madurando con las arrugas que genera el tiempo, entonces llega la calma, la paz de enfrentar nuestras mierdas y solucionarlas con la frente en alto.

Así, aprendemos a hacer las cosas por puro gusto, pura pasión, y sin dar mucha importancia a lo que digan. Y cuando llegan los aplausos, agradecemos en el alma, pero ya no vivimos de ellos.

Finalmente, es claro que nosotros los humanos, con un poco de poder y dinero, comenzamos a exigir respeto y admiración, pero ésta debe llegar de manera natural y no por exigencias… “La otra verdad es que si miramos a fondo, todos merecemos respeto, y si miramos aún más a fondo, ninguno de nosotros merecemos ni mierda, pues solo respirar ya es un milagro para estar gratos”.

Yokoi Kenji Días

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