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Si algún día ve a Yokoi Kenji alcoholizado por ahí en el suelo con una fuerte resaca, no me de la espalda.  Si me ve ojeroso y mal oliente, pues al perder mi esposa por serle infiel ahora anestesio mi consciencia con droga, no se burle de mi.  Si me ve en pobreza extrema por malas andanzas, evadir impuestos y hacer tratos corruptos, no me pregunte con sarcasmo “¿dónde quedó la disciplina Mr. Kenji?”. O si el infortunio de una enfermedad me carcome y pierdo la voz y termino hablando por un aparato, no sienta satisfacción gritándome que fue castigo divino por mis blasfemias en redes.

Si se pregunta de qué hablo, se lo explico: “Una figura pública (llámese líder social, maestro, pastor, coach, rabino etc…) que HOY parece hacer milagros con su buen mensaje, es un fabuloso candidato a ser crucificado MAÑANA si la “caga”. ¿Cómo? Resulta que hay una satisfacción enorme en ver caer al prójimo desde un lugar muy alto, malévola pero enorme, por esa nuestra naturaleza “peluda” como dicen en Japón. 

Consiente de esto me bajo una y otra vez de la p*^%# nube en que me suban, me bajo con mis fueras de tono, mi locura, mi lenguaje cultural soez y, especialmente, esa desnudez de mi alma que algunos al ver decepcionados escriben “pensé que eras más serio” o “creyente”. Respeto el impacto que ha tenido mi mensaje, pero me respeto mucho más a mí mismo como para entregarme al escarnio público. Una vez alguien dijo con sacra reverencia: “Buen maestro” y él respondió: “no me llame así, que cuando me vea desnudo y en vergüenza pública, su alabanza se convertirá en vulgar traición”. Experto en descifrar hipocresías religiosas, el maestro sabía qué esperar de su propio pueblo. Hasta hoy, muchos no entendieron ese texto, pues prefieren alabarlo que seguirlo. Pues bien, yo que tengo más mañas que santidad, cierro esto en términos del Ex-sacerdote Lineros: “Si a ese Man le hicieron eso, imagínese la masacre que harán conmigo”.

Por eso, si alguien pregunta ¿Kenji es bueno?, por favor respóndale: “No, es terrible, por eso hay que ayudarlo”

¿Le gustó? Ni a mí. 

Yokoi Kenji Diaz

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