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A muchos de nosotros los latinos, nos caracteriza el exceso en la diversión. No nos gusta celebrar a medias. 

Así, gritamos un gol con pasión, euforia y entrega total. Bailamos y bailamos hasta el amanecer. Y si tomamos, pues que sea “pra valer” como se dice en Brasil. 

Esta característica tiene también sus malas consecuencias, quedamos afónicos después de un partido, llegar tarde al trabajo por la rumba de ayer o terminar en un verdadero lío después de una noche de exceso de tragos. 

Mi padre dijo un día que la disciplina tarde o temprano vencerá la inteligencia, y eso me alentó frente a mi falta de talento y lentitud para aprender, hoy es un hecho que la disciplina me ha llevado lejos, sin embargo debo decir también que disciplina es: “Ser puntual en la llegada y la salida también”

Es decir, saber cuando decir: 

No. 

Hasta aquí. 

Suficiente. 

Me debo ir.

“Dejar la gente con hambre de ti y no con ganas de vomitarte”

Algunos excesos nos llevan a: Convertir una amistad en compinche hasta salir de enemigos. Pedir prestado hasta que ya no nos atienden ni abren la puerta. Amar “ciegamente” hasta el cansancio y hostigar al otro. 

Hablar y hablar hasta arrepentirnos. 

Todo en exceso es malo, como este escrito que ya está largo…

Yokoi Kenji Díaz

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