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Solo soy trabajador social, acumulo fracasos y decepciones ante la complejidad y falta de aptitudes para transformar mi sociedad, quiero decir, NO soy coach de éxito empresarial, pasos para ser rico, mentalidad ganadora ni programación Neuro-Nada. Apenas observo patrones de comportamiento cultural para entender nuestra bella pero caótica existencia.

Ahora bien, me agrada tener amigos ateos y saber que disfrutan hablar horas conmigo, que si visito una iglesia me llaman pastor sin serlo, que veo un potencial de amor en la comunidad LGBT y ellos me aprecian, que japoneses y latinos respetan y admiran nuestro mensaje. Me agrada, pues mi objetivo final no es político ni religioso, apenas humano. Nadie puede estar más asombrado que yo, al ver el resultado de los videos en redes, las invitaciones y agenda empresarial.

De hecho, sin ánimo de ensañar, piso cada auditorio y apenas cuento historias de mi vida entre dos fascinantes culturas: Japón y Latinoamérica. Cuento lo que yo aprendí, y cada quien asume el rol de ser su propio maestro en la experiencia. Me desnudo en cada mensaje y dejo ver mi humanidad con defectos y algunas virtudes. Quien ya asistió a una conferencia en vivo puede decirles que desnudo mi alma, y en el proceso desmitifico el personaje que a veces parece tan perfecto y “santo” en redes, por esa cultura latina de hacer “culto al líder político-religioso” y que tanto daño hace a la hora de votar.

Sería más correcto decir que hago “estriptis” y no conferencias, pues el término se define como: “Espectáculo en el que una persona se desnuda lenta y sugestivamente, con acompañamiento de música”, y de hecho la música hace parte fundamental de mi historia en la voz de mi gran amigo Clayton Uehara. Deseo finalizar este escrito pidiendo perdón. Perdón de corazón, pues si bien hoy cientos de miles aseguran que mi mensaje les ha hecho bien, también hay algunas personas a las cuales les he hecho mal en mi vida. Ningún éxito borra de mi mente los errores y fracasos, y deseo vivir con ellos como vivo con mis aciertos.

Gracias por seguirnos, perdón por mis errores y le aseguro mi querido lector que no hay nada extraordinario en mí, solo la fortuna de nacer en épocas de redes sociales, hablar español y acumular tantos fracasos, tal vez esto último nos hizo expertos en otras cosas. Quiero decir, siga vivienda, luchando y creyendo, que “finalmente el sol ha de brillar, como la noche también hizo lo suyo”.

Yokoi Kenji Díaz

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